La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
FadoSon las cinco de la tarde y vuelven a conectar la música. Los fines de semana y excepcionalmente el primer domingo del mes, ópera. Esta tarde las notas de Puccini llegan a mi de una forma tan pura, que resistiéndome incluso a compartirlo con mis compañeros, he preferido quedarme en la celda en lugar de salir al patio. Disponemos de un altavoz por cada corredor y tengo la inmensa suerte de estar situado frente a uno de ellos -un privilegio más por llevar en esta institución más de veinte años-, como poder traerme la taza de café a mi celda y degustarlo sorbo a sorbo en la intimidad de estas cuatro paredes. Esta mañana se llevaron a Bob y me he quedado solo. Bob era amigo mío. Las amistades que se hacen aquí dentro surgen de forma casual. Un día te sientas en un escalón y alguien se coloca a tu lado, protagonista como tú de una extraña danza de soledad y desesperación. Quizá comentando una pieza de música, maldiciendo al guarda, o clavando la mirada en el suelo uno es capaz de encontrar consuelo a tantos y tan largos días de encierro en la compañía menos esperada. Estos amigos, silenciosos cómplices de una fatalidad, no necesitan de largas charlas ni de confesiones a ras del suelo para necesitarse. La necesidad surge precisamente de lo que no somos capaces de contarnos y viene dada por nuestra condición de malditos. Bob y yo nos conocimos el cuarto sábado de mayo de hace tres años, durante la proyección de un documental sobre la vida y costumbres de una tribu africana, no recuerdo bien cual. Ambos elegimos el banco que había bajo la ventana, y centramos toda nuestra atención en el paso del tren de la costa, que descubrimos solo visible desde ese lugar de la prisión. Pasó dos veces. Una de ida y otra de vuelta, lleno hasta la bandera de despreocupados dispuestos a enfrentarse a un verano asfixiante a la orilla del mar. Nos emocionó ser testigos del presente, del que discurre ahí afuera. El mismo que imaginábamos, el mismo que recordábamos vagamente. El mismo que ya me hace dudar de qué color eran las magnolias que crecían en la puerta de mi casa. Yo no tengo familia. Tuve suerte con Bob, la suya venía a visitarle todas las semanas. Como él les hablaba de mí y de nuestra amistad, algunas de las visitas me las dedicaban a mí en exclusiva. Me traían chucherías y bombones. Me gustan los dulces. Algunas veces Bob me cedía su sobre de azúcar y yo me daba el placer de tomarla doble en el café; hasta que hará unos cuantos meses alguien pensó que tanto dulce no beneficiaba nuestra salud y cambiaron los sobres por pastillas de sacarina. No hubo protestas. Todo se vuelve amargo en este sitio y en lógica progresión, al azúcar tarde o temprano le iba a llegar la hora. Dichosa, maligna graduación que comienza al despertarnos diariamente -cuando la palabra diariamente alcanza su significado más amplio- en un lugar donde no se sueña ni por las noches, ni por el día, y donde nadie tiene nada que comentar salvo la excesiva temperatura de la leche o la falta de jabón en las duchas. Nadie habla de su inocencia, que se da por supuesta, porque molesta. Nadie habla del futuro, porque no existe. Nadie habla del pasado, porque duele demasiado. Nadie habla de sus familiares, porque recordándolos, se añoran, y si se añoran, matan. Nadie habla demasiado. Todos los días son idénticos al anterior. Hasta que alguien se marcha al pabellón de la muerte o hasta que a ti mismo te entregan tu fecha de ejecución. A mi ya me la han entregado en dos ocasiones. Es como una guillotina que ves caer sobre ti tan ralentizada, y después de ella no existe nada ni hay planes que concebir; o como una valla altísima sobre la que no alcanzas a ver más allá, ni te dejan, ni se te ocurre qué podría haber del otro lado. Es el final de todo y el principio de la nada. Es el camino único, el Cielo. No podemos ir al infierno porque no puede existir nada peor que esto y después de la inyección, lo único que puede haber es la Gloria. La mayoría de nosotros deseamos que llegue ese día con ansiedad. Dejar de vivir y despedirnos ya no nos asusta porque aquí está uno ya muy despedido de todo. Ya no le veré más. Tosca suena maravillosamente en esta sobremesa de domingo. Tengo que darme prisa. Pronto dejará de sonar y me he propuesto dejar de pensar en mis necesidades antes del final, debo hacerme rápidamente a la idea que nadie volverá para traerme bombones. Cuando acabe el café saldré y todos seguiremos bailando, pasillo arriba, pasillo abajo, hasta el día de nuestra desaparición. Jueves, 13 de Enero de 2005 17:03. [ + ]. Tema: A golpe de tecla. Comentarios » Ir a formulario |
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